¿POR QUÈ CRÓNICAS DE GABRIEL?

¡Hola a tod@s!

El sueño de ver publicada mi primera novela se inició muchísimos años atrás, pero el paso definitivo lo di con el final de las campanadas de la pasada nochevieja. Sí, justo en el momento en el que alzábamos las copas para brindar por el año nuevo me hice la promesa de que Crónicas de Gabriel. En búsqueda de la verdad, por fin vería la luz en dos mil dieciséis.

¿Y por qué en 2016? La respuesta es sencilla de explicar pero compleja de entender, o quizás no.

Los años bisiestos han sido testigo de las cosas más extraordinarias que me han ocurrido en la vida. Nací en año bisiesto, como mis dos hijos, y también inicié mi carrera de enfermería en 1992, aprobé las oposiciones en 2004, ascendí por primera vez al Aneto en 2008 y en 2012 al Mont Blanc. Y 2016 es bisiesto. ¿Creéis en las casualidades? Yo no…

Los grandes logros se consiguen con perseverancia, amor y creyendo en que no hay metas imposibles de alcanzar.

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Cumbre del Mont Maudit, vista desde el Mont Blanc (4810 metros).

La razón que me ha movido a realizar esta entrada en el blog es evitar que las vivencias que he ido recabando en los muchos años de trabajo, ilusiones, frustraciones y un largo etcétera de sentimientos y emociones, cayeran directamente en el pozo del olvido. Tengo la esperanza de que este escrito contribuya a que alguno de esos sueños que, en demasiadas ocasiones, se quedan debajo de la almohada pueda llegar algún día a ver la luz del sol. ¡Ojalá consiga hacerlo!

El inicio de esta historia se remonta a mi niñez, cuando fantaseaba que era un profesor corrigiendo exámenes (en realidad estaba garabateando el libro de latín de mi hermano José Luis) y dándoles clases a mis Clicks de Playmobil. Por aquel entonces, una de las cosas que más me fascinaban era escuchar historias sobre el Egipto de los faraones. Me encantaba imaginar que recorría los laberínticos y estrechos pasillos de la gran pirámide huyendo de las momias o corriendo aventuras por el desierto a lomos de un camello bajo la atenta mirada de la luna llena. Todavía recuerdo mi primer relato, un poema que escribí cuando tenía unos ocho años y que titulé: “El faraón”. La primera estrofa citaba así:

“Un ruido se oye, 

el faraón se acerca,

grandes son sus alabanzas 

y bonitas sus riquezas”.

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Misteriosa luna llena del 14/11/16

Pero antes de que en mi mente germinara la idea de querer ser escritor ocurrió una cosa maravillosa; me convertí en un apasionado lector. Recuerdo perfectamente cuál fue la novela que me hizo sentir pasión por la lectura y a la que yo denomino “el enzima Lector”. Después de pasar por mis manos varias lecturas obligatorias del cole, como Rebelión en la granja, de George OrwellEl principito, de Antoine de Saint-Exupéry llegó una novela de H.P. Lovecraft, El que acecha en la oscuridad; este libro se convirtió en mi enzima Lector”. Nunca hasta ese momento había estado tan atrapado en una lectura ni había empatizado tanto con los personajes. Como era de esperar, con los años acabé leyéndome toda la bibliografía Lovecraftiana y sus novelas me transportaron hasta Massachusetts, Nueva Inglaterra, dónde descubrí las escalofriantes historias sobre dioses primigenios en la decadente Dunwich y supe de la existencia del temible Necronomicon, encontrado en la universidad de Arkham, una ciudad a orillas del río Miskatonic. Y penetré en sus profundos bosques y, sin querer, invoqué al terrible mensajero de Azathoth y escuché a las chotacabras cantar antes de que aparecieran unas horribles criaturas procedentes de más allá de las estrellas. ¡Desde entonces no paran de atormentarme en sueños!

“¡Dios mío!, ¿qué hecho? ¿De dónde ha salido ese nauseabundo olor a pescado podrido? ¿¡Quién es ese estúpido ser que toca la flauta…!? Ia! Ia! Nyarlathotep…

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Última incorporación a mi completa biblioteca Lovecraftiana, regalo de mis compis del insti.

Después de Lovecraft llegaron muchos otros. Con Michael Ende descubrí a la entrañable Momo y seguí a  Atreyu en su periplo por fantasía en La historia interminable. Gracias al grandísimo J.R.R. Tolkien viajé a la Montaña Solitaria y conocí a Smaug, un dragón escupe-fuego, con El Hobbit. Me sumergí en los misterios de la Tierra media con El señor de los anillos y descubrí que no existen límites para la imaginación con el denso SilmarillionChristian Jacq me abrió las puertas de Egipto y me transportó a orillas del Nilo con El juez del Egipto o me enseñó la grandeza de un gran faraón en la saga de Ramsés II. Y he citado a estos cuatro grandes autores porque son los que más me han aportado a la hora de escribir Crónicas de Gabriel, pero hay muchos más; nacionales como Eduardo Mendoza Ildefonso Falcones; o internacionales, como Isaac AsimovDan Brown Ken Follett.

Y ¿por qué Crónicas de Gabriel?

Cuando allá por 1998 me planteé seriamente dar el paso de convertirme en escritor, me senté delante de la hoja en blanco de un cuadernillo cuadriculado y con un boli azul esbocé las líneas generales de lo que sería el relato. La historia se desarrollaría en la Barcelona gótica y los personajes serían oscuros, desde el protagonista, Gabriel, como los secundarios Hugo, Ángelus y Apofis. En un principio, la novela tenía tintes de suspense/terror y una vez tuve clara la trama me puse a escribir de forma manuscrita en mis viajes en tren al trabajo. Escribí más de veinte capítulos que, posteriormente, pasé a ordenador antes de dejar aparcado el proyecto por unos años, que coincidieron con el nacimiento de mis hijos.

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Fragmento del manuscrito original de la novela (finales de 1998).

Y tras varios años de inactividad literaria volví a reiniciar la escritura de la novela, eso sí, con la firme intención de acabarla. Reorganicé los escritos y decidí reescribir la historia convirtiéndola en una novela de corte épico y fantástico. Fueron muchos meses de febril escritura, los más inspirados que recuerdo, y de un tirón escribí un manuscrito de más de mil seiscientas páginas. Afortunadamente podían hacerse tres partes claramente diferenciadas y en unas semanas dejé listo los borradores de la trilogía y me puse a trabajar con la primera entrega. Realicé incontables revisiones de En búsqueda de la verdad y en verano de 2012 decidí dar por acabado mi trabajo.

¿Y ahora qué?, me pregunté.

Lo primero que hice fue registrarla en el Registro de la Propiedad Intelectual. Es algo que debe hacerse encarecidamente si queremos preservar lo que tanto tiempo y dedicación nos ha costado. No es nada caro, unos 6 € el registro más lo que me costó fotocopiar la novela  y encuadernarla. La presenté el 5 de junio de 2012 y recibí la resolución de la inscripción en  diciembre de ese mismo año.

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Resolución de la inscripción de la novela en el Registro de la Propiedad Intelectual.

Y una vez protegida, algo me decía que no podía presentar la obra sin pasar, por lo menos, por una evaluación previa. Y me puse a trabajar en ello. Investigué en Internet sobre empresas que se dedicaban a evaluar obras literarias y me topé con una que, además de realizar un informe editorial de la novela, podrían representarme artísticamente en el caso de que esta contara con la suficiente calidad literaria. La empresa se llamaba Representación literaria y artística y en septiembre les envié una copia encuadernada del manuscrito. Ya solo cabía esperar. Y esperé… ¡casi dos meses!, el veredicto.

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1ª página del informe de valoración de la novela.

Lo cierto es que la sensación que tuve cuando leí el informe editorial fue ambivalente. Por un lado elogiaban la trama de la novela, la descripción de algunos personajes, la imaginación del autor…, pero también ponían de manifiesto los defectos de la misma que, por desgracia, pesaron más a la hora de que la agencia tomara la decisión de representar mi obra.

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Conclusión del Informe Editorial.

Una vez digerida la noticia solo podía hacer dos cosas: o tiraba a la basura el proyecto o aceptaba la crítica y me ponía a corregir los errores. En los siguientes meses reescribí la novela, intentando pulir alguno de los defectos detectados (otros no, porque me lo impidió mi ego de autor ), y cuando fui consciente de que no era capaz de mejorarla decidí hacer una revisión de estilo. Esta vez quería hacer las cosas bien y darle el toque de calidad definitivo a la obra. Creí que, como ya había pasado por un primer filtro, bastarían con unos ligeros retoques para ver mi sueño hecho realidad. Pero me equivoqué.

Le entregué el manuscrito a una correctora de estilo, Pilar Clemente, y tras realizar una valoración general de la novela me recomendó que esta necesitaba una revisión de contenidos, otra de estilo y una última corrección ortotipográfica¿Cómo?, fue mi primera reacción. Esta vez no me anduve con reticencias y tras escuchar las sugerencias de Pilar, tomé la tijera y fui reescribiendo capa por capa la novela, o sea, que me tuve que tragar mi orgullo de autor aplicando una de las máximas de la literatura;  “Menos es más”.

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Fragmento de la corrección de estilo.

Las revisiones fueron duras pero durante el proceso aprendí muchísimo como escritor. Comenzamos con la revisión de contenidos, corrigiendo aquellos detalles que le restaban verosimilitud a la trama, las contradicciones encontradas y haciendo una valoración preliminar de los personajes con la finalidad de definir sus perfiles. También se trabajó la novela limpiándola del exceso de adjetivación y de información no útil para facilitar la lectura. Una vez concluida la revisión de contenidos iniciamos la de estilo. Esta consistió en hacer una disección quirúrgica de la novela revisándola por capas, de la más profunda a la más superficial. Trabajamos al detalle los escenarios, las escenas, los personajes y buscamos un equilibrio entre los diálogos y las descripciones, sin dejar de lado la limpieza de aquello que  no aportara nada a la trama.

Y en poco más de un año de trabajo acabamos con la revisión de contenidos y la corrección de estilo. Solo quedaba darle el último retoque de estilo y la corrección ortotipográfica y gramatical, pero esta última fase tuve que realizarla en solitario debido a que me quedé sin cash. Eso sí, poniendo en práctica todos los conocimientos que había aprendido en manos de una excelente profesional. El resultado es el que muchos de vosotros ya tenéis en vuestras manos.

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Soy consciente de que la novela tiene errores menores, pues todo el trabajo de edición y de revisión final ha recaído únicamente sobre mi persona. De hecho, la novela que ahora mismo podéis comprar en Amazon es una edición corregida, pues he podido subsanar muchas de los erratas gracias a la aportación de algunos lectores. En la próxima entrega, recordad que me comprometí a que saldría publicada en el 2018, espero tener más atado el tema de la corrección ortotipográfica para ofreceros una novela de mayor calidad literaria.

De todas formas, estoy muy satisfecho del resultado final y las críticas me animan a seguir trabajando con la misma ilusión en Los hijos de la Luz. A fin de cuentas, todo el trabajo de edición, elaboración de las portadas, tanto en formato electrónico como impreso, y la promoción ha corrido de mi parte y soy novel en dichos artes. Pero gracias a vuestro incondicional apoyo y los ensayo-error de vuestro servidor creo que Crónicas de Gabriel. En búsqueda de la verdad podrá llegar tan lejos como empeño se ponga en que así sea. ¡Queda un largo y apasionante camino por delante!

En la próxima entrada de este blog os explicaré cómo se me ocurrió publicar con Amazon y la experiencia que supuso embarcarme en esa aventura, junto con algunos consejos que les vendrán muy bien a aquell@s que quieran iniciarse en este apasionante mundo. Como siempre, dar un me gusta si lo creéis oportuno y haced una máxima difusión de todo lo que se vaya publicando en este blog. También os animo a dejar vuestra reseña de la novela en Amazon cuando os la hayáis leído. Con vuestra ayuda será más fácil y ameno el camino. ¡Muchísimas gracias!

Recordad que no hay sueños imposibles, aunque para conseguirlos no solo basta con soñar.

Carpe Diem!

 © Miquel Àngel Lopezosa, 15 de noviembre de 2016.

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